La columna verde

El coche ecológico, a nuestro alcance

Por Francisco Galván

La industria automovilística mundial está agonizando. En España las ventas han caído entorno al 28 por ciento y en 2008 se han vendido un millón de vehículos menos que en 2007. Lo mismo pasa en Estados Unidos, en Francia y Alemania. Las grandes multinacionales del motor están en la UVI... y exigen ayudas a los gobiernos.

En España el sector reclama 10.000 millones de euros al Gobierno para compensar semejantes pérdidas (el chantaje que utilizan es el mantenimiento de los puestos de trabajo, algo que nunca cumplen ni aunque tengan beneficios). La crisis afecta a 68.000 trabajadores, especialmente con suspensiones temporales de empleo y sueldo.

En Estados Unidos el Gobierno de George W. Bush ha inyectado ya miles de millones de dólares a las grandes multinacionales del motor para evitar su quiebra y recientemente ha facilitado 3.400 millones más a la filial financiera de General Motors para que pueda dar créditos a los compradores de esta marca.

¿Y todo ello para qué?
Para que las empresas automovilísticas sigan haciendo lo mismo: fabricar coches de gasolina y diesel, es decir, contaminantes, por mucho que con su publicidad nos quieran hacer creer que son ecológicos.

Esta es la ocasión, única y pintiparada, para que las administraciones públicas mundiales exigan a esas industrias invertir el dinero que se les regala en cambiar el sistema de producción y poner en marcha cadenas de montaje con coches eléctricos o de energía solar o de hidrógeno. Es el momento de que desarrollen a fondo esas tecnologías limpias para cambiar de una vez la tendencia.
Alguien podrá alegar que son tecnologías que no están muy desarrolladas, que no es posible la fabricación de coches de este tipo porque no tienen aceptación, porque son caros, porque las baterías eléctricas son muy grandes y dan poca autonomía y bla, bla, bla...


Todo falso. El problema es que la investigación de estas tecnologías no se ha desarrollado porque los gigantes del petróleo lo han impedido para evitar que se les acabe el chollo.

¿Alguien recuerda cómo eran los teléfonos móviles hace una década? tan grandes como un zapato. Pero con la inversión en investigación y desarrollo en diez años se han reducido hasta caber en la palma de una mano, la cobertura se ha extendido por el mundo y, además, han ampliado su oferta de tal modo que ahora no solo son teléfono, sino también reproductor de música, de televisión, radio, ordenador personal, tienen acceso a internet, etc. ¿Por qué? Simplemente porque se apostó por esa tecnología y nadie puso palos en las ruedas.


Llegado es el momento de que suceda lo mismo con la industria automovilística, uno de los principales agentes contaminantes. Los gobiernos del mundo deben aprovechar ahora que las multinacionales están de rodillas. El coche cien por cien ecológico está a nuestro alcance más que nunca.

En China ya se comercializa un coche eléctrico por 15.000 euros y hay una amplia red de puntos de repostaje.

No sería extraño que dentro de cinco o diez años, si se apuesta verdaderamente por ello, bastará con insertar el teléfono móvil en el salpicadero del coche para dotarle de energía y que se ponga en movimiento. Y será una energía limpia y duradera. Solo hay que confiar en la ciencia.
 

Francisco Galván es periodista y escritor.

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